Primeras actividades pirenaicas: salidas 4ª y 5ª

Pirineos.- Cuarta salida; en moto al Pirineo aragonés; julio de 1958

 

          Del 9 al 22 de julio de este año volvimos a los Pirineos, pero esta vez con vehículo propio, una pequeña Lambretta de 125 c.c, sin carenar, que llevábamos sobrecargada, pues además de nosotros dos, MSol y yo, llevábamos todo el equipo de acampada y montaña, y bastante comida, para esos días. Nos acompañaban Portillo y Pepe, en la Vespa de este último, que también iba cargada en exceso, pese a lo cual repetiríamos más de una vez esta experiencia.

          El viaje en aquellas pequeñas motos es del todo inolvidable. Hacíamos una media irrisoria, con lo que necesitábamos más de un día para llegar al Pirineo. Recuerdo muy bien que hacíamos la primera parada para descansar al llegar al kilómetro 100 de la carretera de Zaragoza. Esa misma tarde conseguíamos llegar al camping de Huesca, parábamos la moto junto a una acera y … no podíamos apearnos de la misma hasta pasados unos minutos, pues llegábamos totalmente anquilosados.

          Este año volvimos a Piedrafita, llegamos a la brecha Latour, con mucha nieve, hicimos de nuevo la Gran Facha y regresamos a Sallent. Después nos trasladamos a Ordesa, para repetir Monte Perdido. ¡Qué viaje!

              Viaje con las motos                                                                                       Desde la Gran Facha

 1958 Las motos1958 desde la Gran Facha

Señalando al Balaitous                                                                                                Descenso de la Brecha Latour

1958 Señalando al Balaitous1958 Bajando la brecha Latour

PIRINEOS.-  Quinta salida; Travesía Piedrafita-Vignemale-Gavarnie-Ordesa; verano 1959

          Aquel año habíamos pensado en una travesía más larga, en vez de hacer base en un campamento fijo. Nuestro proyecto consistía en empezar una vez más en Sallent, subir a Piedrafita, cruzar al lado francés por el collado de la Facha, bajar hasta Pont d´Espagne, remontar el valle de Gaube hasta el macizo del Vignemale, bajar a Gavarnie por el valle d´Ossue, cruzar por la Brecha de Roldán hasta Góriz y volver por el valle de Ordesa a Torla. ¡Un bonito proyecto para aquellos tiempos! En esta actividad, que llevamos a cabo los días 1 al 12 de julio, participamos diez personas, todos miembros de los GUM de Madrid, entre los que recuerdo a Vicente y Julián Aparicio, Churre, Msol y yo (en nuestra Lambretta de 125 c.c.), Gregorio Portillo y Pepe Limas (en la Vespa de Pepe). En el transcurso de esta travesía, que completamos sin grandes problemas, nos encontramos en algunas situaciones un tanto peculiares, que no he olvidado nunca y de las que, por su originalidad, tomé nota en mis cuadernitos de excursión.

Rodeados por el ejército francés.- Cruzar desde el refugio Alfonso XII de Piedrafita hacia Pont d´Espagne nos llevó casi una jornada. Al pasar por el coll de la Facha con nuestra pesada impedimenta, aprovechamos para dejar las mochilas en el collado, y subir de nuevo a la Gran Facha y, no recuerdo si todos, también a la Pequeña Facha antes de continuar la travesía. La bajada por la vertiente francesa se nos hizo interminable. En el refugio Vallon nos entretuvimos demasiado tiempo haciendo la comida y descansando. A media tarde decidimos seguir hacia el viejo refugio de Clôt, que figuraba en nuestro esquemático mapa, ya muy cerca de Pont d´Espagne. La niebla se nos echó encima y avanzamos sin rumbo claro por las laderas cubiertas de arbolado. Finalmente, más por casualidad que por nuestras rudimentarias técnicas de orientación, ya casi de noche, topamos con el refugio. Se trataba de un refugio libre, una pequeña construcción en medio del bosque, medio abandonada y algo cochambrosa, que nos sirvió para pasar la noche apelotonados, sin tener que montar las tiendas.

           Por la mañana, con un sol radiante, nos levantamos y asomamos a la puerta para ver el panorama. ¡Oh sorpresa! Estábamos rodeados de tropas militares; entre los árboles se veían bastantes soldados, pequeñas tiendas de campaña de camuflaje y algunas piezas de armamento; más allá otras tiendas de mayor tamaño; a lo lejos, nos pareció ver un helicóptero posado en la pradera. Nos encontrábamos en medio del ejército francés, que hacía maniobras de montaña, y, sin saber cómo, nuestro numeroso grupo había traspasado las líneas de vigilancia hasta alcanzar el pequeño refugio, que ellos habían dejado sin utilizar en medio de su campamento. Un pequeño grupo de oficiales se dirigió hacia nosotros. “La hemos hecho buena; ya veremos dónde acabamos”. Tras las presentaciones y preguntas de rigor (qué hacen ustedes, dónde se dirigen, cuántos son, de dónde vienen, etc.), y nuestros chapurreos en mal francés, fuimos cortésmente invitados a tomar algo caliente en la cantina y a alejarnos del entorno lo antes posible.

          Y así lo hicimos, contentos de haber escapado con bien de aquella situación, continuando nuestro itinerario hacia el lago de Gaube y el Vignemale, en cuya base volveríamos a instalar nuestras tiendas (todavía no existía el refugio de las Oulettes).

Extraño campamento en Gavarnie.- Después de completar algunas ascensiones clásicas, sencillas, en el macizo del Vignemale, tomando como base el refugio Baysellance, hicimos otro día  la  larguísima  bajada hasta Gavarnie, en cuyo camping pensábamos hacer noche, antes de continuar hacia la Brecha de Roldán. Recuerdo borrosamente que durante esta bajada MSol tuvo algún problema con el calzado, que le fastidió un pie, y durante algún trecho tuve que cargar con las mochilas de los dos.

          Como habíamos llegado pronto a Gavarnie, todavía tuvimos tiempo para reponer algunas provisiones. Casualmente pasamos a comprar a una tienda de un tal Mr. Laporta, nombre que coincidía con el segundo apellido de Gregorio, lo que nos dio pie para gastarle alguna que otra broma. A primera hora de la tarde, antes de ir de compras, ni cortos ni perezosos, para no tener que montar todas las tiendas, instalamos en el camping una única tienda de campaña de dos plazas, ante las miradas interrogantes de los restantes campistas, ya que nuestro grupo estaba formado por diez personas. Hubo explicaciones gratuitas para los mirones: que si íbamos de paso, que si teníamos que hacer la compra, que si algunos iríamos a dormir a la Bergerie, que si otros pensábamos vivaquear allí mismo, … La verdad es que resultaba bastante raro ver aquel montón de material, mochilas y personas, alrededor de una sola y pequeña tienda.

Comiendo a la vista de Sarradets.- Al día siguiente, pasando olímpicamente de las caballerías que se ofrecían a los turistas, llegamos andando al pie de las grandes paredes del circo de Gavarnie, cerca de la cascada grande y, girando a la derecha, buscamos el inicio del camino de la Escala de Sarradets, que, según nuestra escueta información, era la ruta más directa para subir a la Brecha de Roldán, por donde pensábamos cruzar a España.

           El camino resultó ser bastante empinado y en algún trecho algo aéreo, trabajoso para ir tan cargados como nosotros. Habíamos comenzado algo tarde y el grupo, muy numeroso, no tenía demasiada soltura para moverse en aquel tipo de terreno. En consecuencia, las horas fueron pasando rápidamente y cuando, sobrepasados los tramos de mayor compromiso, llegamos ya tarde a la vista del refugio de Sarradets, decidimos parar a comer allí mismo, cien metros más abajo del refugio. ¿Qué toca comer hoy? Arroz, arroz con algo. De los morrales salieron aquellos inefables Primus de gasolina y los comestibles correspondientes, y sin pensarlo dos veces nos pusimos a hacer arroz sobre una lastra de piedra seca, que afloraba en medio del nevero. ¡No sabéis lo que tarda en cocerse el arroz en esas circunstancias!

          Mientras tanto, todos los montañeros que se encontraban en el cercano refugio de Sarradets fueron saliendo a la terraza, para contemplar el insólito espectáculo de unos montañeros desconocidos (¡españoles tenían que ser!), que, tras remontar las paredes del circo por el abrupto itinerario de la Escala de Sarradets, se paraban en cualquier sitio a pocos metros del refugio y se ponían a cocinar, y a comer, durante un buen rato.

      Terminada la laboriosa preparación de la comida y satisfecho nuestro apetito, continuamos la subida, pasando olímpicamente de largo junto al refugio, para dirigirnos a la Brecha de Roldán. A pesar de las dificultades que surgirían después, conseguimos llegar a última hora de aquella misma tarde, casi doce horas después de comenzar, al refugio de Góriz, donde pernoctaríamos.

El paso del cable.- No recuerdo bien si aquel año hubo más nieve de la habitual y el paso del cable que hay al pie de la muralla del Casco, poco después de pasar la Brecha de Roldán, presentaba o no mayores dificultades de las normales. Sea como fuere, en aquel paso tuvimos algún pequeño problema, que se resolvió de manera improvisada.

          No había más remedio que pasar de uno en uno; el cable estaba firmemente anclado en la pared y, además, llegamos a encordar a los más temerosos. A pesar de todo, a una de las chicas del grupo le entró pánico a mitad de camino, se aferró al cable y decidió quedarse allí para siempre, sin que sirvieran de nada las frases de ánimo y toda clase de razonamientos que hacíamos para convencerla de que continuase. Tampoco los tirones de la cuerda. La única solución que funcionó no fue precisamente la más elegante. Uno de nosotros, no recuerdo quién, se acercó por el cable hasta donde ella estaba, le sacudió una buena bofetada y … aquella montañera, herida en su dignidad, reaccionó furiosa y llena de rabia, terminando de pasar el cable rápidamente, para poder encontrar mejor sitio donde poderse enfrentar, e insultar, a su agresor.

Métodos especiales.- Otra de las chicas que formaban parte del grupo aquel año nos planteaba pequeños problemas de variada índole cada dos por tres. Que si un día se encontraba mal; que si otro tenía fiebre; que si había demasiada nieve en algunos pasos; que si la cuesta era imposible de remontar. En algunos tramos más comprometidos, como en la subida por la escala de Sarradets hacia el refugio del mismo nombre, o en el paso del cable ya pasada la Brecha de Roldán, o en la bajada por las clavijas de Soaso, llegó a constituir un verdadero problema, que conseguimos ir resolviendo a base de paciencia,  capacidad dialéctica y algún recurso improvisado. Pero en otros momentos, cuando el terror la paralizaba en un punto crítico, perdíamos la paciencia y procedíamos de forma expeditiva, que, recordada hoy día, nos parece totalmente in apropiada y algo salvaje.

          En una de estas situaciones, cuando teníamos que atravesar a media ladera un corredor de nieve con bastante inclinación, naturalmente encordados, aquella chica se quedó paralizada en el borde, discutía, protestaba, se negaba a pasar y amenazaba … con darse la vuelta (???). El tiempo iba pasando y de mutuo acuerdo, algunos del grupo decidimos que no había más remedio que hacerla pasar a viva fuerza. Encordada entre dos de nosotros, pasó uno al otro lado del corredor, el segundo empujó bruscamente a  la chica, que resbaló por el corredor dando alaridos de terror. Asegurada desde los dos lados, deteníamos enseguida su caída, el primero recuperaba cuerda y chica desde el otro lado, y soportaba toda clase de insultos mientras los demás completábamos el paso.

          El sistema resultaba algo brutal, pero sin daño físico, y fue realmente lo más práctico para completar los últimos pasos problemáticos de aquel día. Ahora, pasados tantos años, comprendo mucho mejor los problemas de aquella chica.

1959-2  1959-1

Al pie del Vignemale

      Subiendo a la Brecha de Roldán

           Continuaríamos volviendo a los Pirineos durante muchos años, hasta más de treinta veces, en invierno y en verano, con otros amigos, con otros grupos. Más tarde con nuestros hijos pequeños; y de nuevo al hacerse mayores; y más tarde aún, empezamos a ir con los hijos a las estaciones de esquí. Todavía llegaríamos a hacer algunas travesías de montaña de varios días de duración, con TODO encima, con José y Ana, otro matrimonio de amigos de toda la vida. Pero eso será objeto de otro relatillo., ya que yo mismo he empezado a padecer algunos problemas de vértigo en zonas y pasos aéreos.

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