Las huellas de oso del Reguerillo

    Allá por los años 57 del pasado siglo, cuando un grupo de amigos aficionados a la espeleología trabajábamos en la exploración y topografía de la cueva del Reguerillo (Patones – Madrid), conseguimos llegar a lo que dimos en llamar “el tercer piso”, tras salvar algunos pasos más o menos complicados y solventar como mejor pudimos las conexiones del segundo con el tercer piso a través del laberinto de galerías. Y allí, no muy lejos del final del tercer piso, encontramos un par de huellas de oso fosilizadas en el manto calcáreo del piso.

     Este hallazgo marcaria un hito en las siguientes visitas a esta caverna, ya fueran para continuar con nuestros trabajos, o para mostrar nuestros “decubrimientos” a los eventuales acompañantes:

  • Vamos a llegar hasta las huellas de osodecíamos antes de empezar, para mentalizarnosasí que ya podéis prepararos para estar unas horas arrastrándonos por las galerías.

     Si se trataba de seguir explorando, solíamos ir en equipos de pocas personas, y dedicábamos buena parte del tiempo en ir explorando sistemáticamente cada nueva galería que descubríamos. Si llevábamos algún grupo de visitantes, o, si en su caso, cursillistas aprendices, íbamos casi directamente hasta las huellas de oso.

     Muchos años después, comentando lo de las huellas de oso con algunos espeleólogos aficionados, más j´voenes que yo, y mucho mejor preparados de lo que nosotros estábamos a mitad del siglo pasado, siempre había alguno que me corregía amablemente subrayando:

  • Querrás decir “la huella de oso”, porque solamente hay una.

      Y por más que yo insistiera en que las huellas de oso eran dos cuando se descubrieron, los modernos conocedores de la cavidad repetían que solamente había una. Llegaron a hacerme dudar de mi memoria, pero dando vueltas al asunto recordé una fotografía de las DOS huellas que apareció en una antigua revista de espeleología, GEO y BIO KARST, editada por J.M. Armengou y dirigida por Oscar Andrés. Y como todavía conservó casi todos los números que aparecieron de aquella revista, conseguí localizar la foto en el número 8 del año II, Noviembre-Diciembre de 1965.

      He escaneado dicha foto y la adjunto con esta memorieta. Me he quedado satisfecho al comprobar que no me fallaba la memoria … del todo, pues, con cierto esfuerzo, recordé vagamente que alguien, también aficionado a la espeleología, tuvo la peregrina idea de llevarse a su casa una de las huellas fosilizadas con posterioridad a su descubrimiento y, ni corto ni perezoso, armado de las herramientas necesarias, llego hasta las huellas y se puso a picar, destrozando una de las huellas y desistiendo, afortunadamente, de hacer lo mismo con la otra, que es la que conocen las actuales generaciones de espeleólogos.

      No recuerdo, o no quiero recordar, el nombre de aquel depredador, pero sí que eran dos las huellas que se descubrieron casi al final del tercer piso

                                     Domingo Pliego Vega

                                               Octubre 2015

                                    Huellas de ursus speleus393

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