La Sur del Pájaro

Escalando la vía Sur del Pájaro (La Pedriza)

         Era “el no va más” de nuestros sueños de escaladores pedriceros. Solamente unos pocos habían escalado esta pared y las escasas descripciones de la vía circulaban de mano en mano; incluso las cordadas vencedoras prestaban a la siguiente en acometer aquel reto alguna clavija “especial” para poder dar un determinado paso se prestaba.

         Un grupo de amigos, más decididos que nosotros, asesorados por algunos monitores de los GUM acometió esta escalada y consiguió realizarla, al parecer sin los enormes problemas que todos imaginábamos. Entre aquellos amigos se encontraba José Solé, con quién todavía hoy mantenemos la amistad. José ha tenido toda su vida mentalidad de científico (no en vano hizo Ciencias Físicas y trabajó en temas de investigación largos años) y veía la escalada de la Sur del Pájaro bajo un punto de vista realmente original. Todavía tengo entre mis papeles de montaña una nota de José en la que se analizan las distintas épocas en que resultaba más conveniente hacer aquella vía de escalada, que llevaba varias horas de trabajo, poniendo montones de clavijas, que el último de la cordada tenía que recuperar y haciendo una trabajosa doble cuerda en “el escudo”, lo que consumía una enormidad de tiempo ¡Cómo han cambiado la técnica y los materiales de escalada desde entonces!

          De todas aquellas observaciones, hechas en diferentes estaciones del año, concluía Solé que el mejor momento para completar la escalada de la Sur del Pájaro con las menores penalidades posibles, era precisamente el día del solsticio de verano, ya que debido a la inclinación de los rayos solares y a la disposición de la pared y sus relieves, aquel día era en el que había más sombras a lo largo de la vía, y por lo tanto se tendría menos necesidad de beber y de portear el agua necesaria. En aquellos años en que la Pedriza era un desierto de rocas sin vegetación alguna, la conclusión de este peculiar análisis era bastante de agradecer.

EN LA SUR DEL PÁJARO

         Los hermanos Durán, que ya entonces eran unos buenos escaladores, nos invitaron un día del mes de Mayo de 1962 a hacer la Sur del Pájaro. Sin pensarlo mucho, Faustino y Antonio Durán, Jorge Barsi, Marisol y yo nos fuimos a la Pedriza, para vivaquear al pie del Tolmo y al día siguiente intentar la Sur del Pájaro y, si fuera posible en el mismo día, la Pared de Santillán, y así lo hicimos. Al día siguiente nos presentamos a buena hora al pie del Pájaro y organizamos una cordada para escalar la vía Sur, con Faustino Durán de primero de cuerda, yo en medio y Jorge Barsi de último.

          Entonces se llevaba mucho material, ya que había que poner y recuperar las clavijas en alguno de los pasos clave, pero Faustino estaba muy fuerte y completamos la escalada se hizo sin problema alguno. Personalmente, creo que nunca hubiera hecho esta escalada con otros compañeros, pero Faustino me ofrecía total confianza y aceptar su ofrecimiento me proporcionó entonces la gran satisfacción de hacer esta famosa vía.

           Rapelamos normalmente al Salón del Pájaro y descendimos por la canal del Jardín del Pájaro hasta la base del risco, para encontrarnos de nuevo con Marisol, que se había quedado al pie de la vía. Faustino reiteró su invitación para hacer en aquel mismo día la Pared de Santillana, que Marisol tenía muchos deseos de escalar, y, ni cortos ni perezosos, remontamos la cuesta por la base de las paredes de las Oseras y el camino de las Buitreras, hasta alcanzar el pie de la pared. Yo llegué allí un tanto desfondado y sin muchas ganas de continuar escalando, pero Faustino hizo cordada con su hermano Antonio, metiendo entre los dos a Marisol y los tres escalaron la pared mientras yo tomaba tranquilamente el sol al pie de la misma.

             El recuerdo de aquel día es imborrable. Gracias a la desinteresada ayuda de unos amigos, mucho más fuertes y expertos que nosotros en las batallas de la escalada, Marisol y yo pudimos hacer realidad alguno de nuestros sueños pedriceros.

            Aún escalaría algunas otras cumbres con Faustino, que tuvo la paciencia de guiarme por los maravillosos Galayos en otras salidas, cuando entrenábamos para una posible salida a los Andes.

Domingo Pliego (1962)

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