El refugio de ARREMOULIT

EL REFUGIO DE ARREMOULIT

    En el verano de 1985 veníamos de hacer el tour del Midi d´Ossau con nuestros amigos J.S. y A.M., y al llegar al aparcamiento que hay en el lado francés al pie del Portalet, acordamos subir al refugio de Arremoulit utilizando el trenecillo del Artouste, que no conocíamos, pero del que habíamos oído hablar.

    Dejamos nuestro coche en el aparcamiento junto al Lac de Fabrèges y subimos en el “telehuevo” hasta la estación inicial del trenecillo, al pie mismo del Pic de la Sagette. Allí tomamos este pequeño tren, cuyos vagones son meras plataformas con asientos sin paredes ni techo, montados al aire, como decimos aquí, que recorre un sinuoso trayecto por una estrecha cornisa, a bastante altura sobre el profundo valle del Soussouéou, altura que en algunos trechos llega a ser de más de quinientos metros.  Ya en el trenecito comenzamos a notar frío y tuvimos que ponernos toda nuestra ropa de montaña.

El vertiginoso recorrido finaliza  a 1900 metros de altura, muy cerca del gran lago de Artouste, que alcanzamos tras remontar un pequeño desnivel de menos de cien metros. Rodeamos el lago por la orilla occidental, siguiendo siempre el camino, y subimos otro desnivel más fuerte, por un camino del Parque Nacional, hasta llegar al refugio de Arremoulit, a 2300 metros de altura, junto a otro pequeño lago.

Alcanzamos el refugio entre nubes de mal tiempo, helados hasta los huesos, y ocupamos algunas literas disponibles en unas grandes tiendas instaladas junto al refugio mismo.

    Al día siguiente tuvimos ocasión de acercarnos hasta el collado de Arremoulit, para reconocer la zona y dar vista a los lagos de Arriel, donde habíamos tenido alguna pequeña aventura hacía años. Por la noche hizo mucho frío y estuvo lloviendo todo el tiempo. Al amanecer estaba todo cubierto de niebla y espesas nubes, y no se veía paisaje alguno alrededor. Tras desayunar en el refugio con Juan Carlos y con Emma, el guarda del refugio y su hija, decidimos volver a nuestro coche y trasladar el campo de acción a una zona más acogedora, probablemente en la vertiente española, donde casi siempre hacía mejor tiempo.

    Volvimos a bajar al Artouste y al trenecillo, llegando a la estación de la Sagette absolutamente ateridos de frío. Desde aquí bajamos en el “telehuevo” entre una granizada, que por fortuna no nos pilló en el famoso tren, y llegamos al aparcamiento en tan lastimoso estado que, sin pensarlo más, sacamos el hornillo de gasolina del morral, pusimos un cacharro con agua a hervir, y allí mismo, en el asfalto en medio del aparcamiento, nos hicimos uno de los tés que recuerdo haber tomado con más placer en nuestras andaduras por la montaña.

    Nada más pasar el Portalet el tiempo mejoró notablemente, como era de esperar. Aún tuvimos ocasión de trasladar nuestro campo de acción a la zona de Panticosa, dejando el coche en el balneario, para subir a los lagos de Brachimaña y Bramatuero y acercarnos al collado del Letrero, por el que solíamos cruzar la cabecera del valle del Ara en nuestras incursiones por el macizo del Vignemale. Así completamos esta campaña de Pirineos de 1985.

 

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