Aficiones personales

Dibujo

Desde hace muchísimos años he sido un aficionado autodidacta a dibujar y a pintar. A lo largo de mi vida he pintado multitud de cuadros al óleo y bocetos con acuarela, regalando la mayor parte de ellos a familiares y amigos, siempre predispuestos favorablemente a recibirlos. También he utilizado unas docenas de cuadernos de campo para hacer croquis y esquemas de lo que veíamos durante nuestras salidas al campo; de aquellos cuadernos pasé a dibujar “en serio” muchos de los temas, especialmente a tinta china y plumilla, a veces mezclada con grafito.

En casa conservo una colección de unos cuatro mil quinientos dibujos, de todos los tamaños y sobre toda clase de soportes, por ahora, amén de una numerosa serie de reproducciones al óleo y a la acuarela de mis pintores y dibujantes favoritos.

Tengo muy poca obra original, pues prefiero copiar lo que me gusta. Y si a esto añado mi manía de hacer alguna reproducción de las exposiciones a las que mi mujer y yo vamos con alguna regularidad, como medio de mejor “comprender” al autor, la colección aumenta incesantemente.

Fotografia

También soy aficionado a la fotografía, aunque nunca he destacado en este campo. Comencé a hacer fotografías con una cámara de fuelle de 6×9 cuando era estudiante de Bachillerato; a lo largo de los años he tenido buen número de cámaras fotográficas, entre las que recuerdo la inolvidable Retina, una Contaflex, un par de Leicas de los antiguos modelos, una Exacta Varex, varias Nikon, una Hasselblad 500 Clasic de 6×6, que aún utilizo; y llegamos a las cámaras digitales, de las que, tras pasar por varios modelos, suelo utilizar una Canon de objetivos intercambiables y una pequeña Panasonic TZ-30, que, actualmente, es la que casi siempre llevo en las salidas al campo.

Música

Cuando era niño no tenía ninguna afición especial por la música, pero a los diez años mi padre me puso un profesor de guitarra, Don Juan de Dios Sánchez Garea, un antiguo amigo suyo, sevillano, gran guitarrista, que me enseñó solfeo y me adiestró en las habilidades necesarias para tocar la guitarra de concierto.

Pocos años después entraría a formar parte de la Orquesta Ibérica de Madrid, una orquesta de pulso y plectro, dirigida por Don Germán Lago, de la que ya formaba parte el Sr. Garea. Yo pasé a formar parte del grupo de segundas guitarras y permanecí en la orquesta hasta su extinción.

Montañismo, espeleología, excursionismo

Estas actividades han sido prácticamente siempre el motor de muchas otras aficiones, y, desde luego, una constante a lo largo de toda mi vida, durante la que he intentado siempre hacer compatible la vida laboral, la vida familiar y estas aficiones.

Ya en 1950 subíamos a esquiar al puerto de Navacerrada, con unos equipos tan primitivos, que hoy parecería imposible. Son inolvidables aquellas idas al puerto con el Metro, el tren desde la estación del Norte, y el mal llamado funicular, que solamente llegaba hasta Navacerrada. Y nada de arrastres mecánicos.

Estudiando en la Escuela de Peritos Industriales de Madrid, me apunté, con otros amigos con los que compartía afición, a los GUM, los Grupos Universitarios de Montaña, siendo el socio número 160. Cursos de escalada en roca a mitad de los años cincuenta (del siglo pasado), cursos de montañismo, de espeleología, de esquí; carreras de fondo, de relevos, de slalom; esquí de montaña; trofeos de invierno y de verano; muchos y grandes amigos. Realmente una inolvidable etapa de nuestra vida; digo nuestra, porque la que años después sería mi esposa, en aquellos tiempos estudiante de Filosofía y Letras, también era de los GUM.

Más tarde frecuentaríamos bastante los Pirineos, macizo al que hicimos más de una treintena de salidas veraniegas y algunas, pocas, de invierno. Pirineos, muchas menos  Picos de Europa, Gredos y muchas otras montañas españolas. También estuvimos en repetidas ocasiones en los Alpes de Chamonix y, más a menudo, en los Alpes Suizos, ya que como nuestros hijos estudiaban en el Colegio Suizo de Madrid, aprovechábamos los veranos para visitar distintos cantones de aquel país.

He pertenecido a varios Clubs de Montaña de Madrid, desde el antiguo C.A.E. (Club Alpino Español), al grupo de montaña de Standard, del CSIC, el Grupo Pegaso y Montañeros Madrileños.

Nuestros hijos se hicieron mayores y nosotros hemos ido envejeciendo, con lo que nuestra actividad montañera o excursionista ha ido bajando de nivel al mismo tiempo. En la actualidad, octogenarios ya mi mujer y yo, nos limitamos a salir todos los fines de semana que podemos a la sierra, a dar simples paseos (senderismo), evitando en lo posible las dificultades no aptas para nuestra edad y condición física, acompañados de fieles amigos que se han hecho mayores a la par que nosotros.

(18-X-2015)

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