Buscando la cabeza del Predicador

       No estábamos en las selvas africanas luchando contra alguna tribu salvaje reductora de cabezas, ni en un campamento de excavaciones arqueológicas. Nos encontrábamos en medio de la Pedriza, buscando por todos los rincones del Jardín del Predicador, detrás y poco más abajo del corral Ciego, la cabeza del risco del Predicador, bola terminal que imitaba la cabeza del clérigo, tal como se puede ver en alguna de mis fotografías más antiguas (de 1956), naturalmente en blanco y negro, que, comparada con otras mucho más actuales mostraba la desaparición del peñasco o bolo que formaba la cabeza de la figura.

          ¿Cuándo se había caído esa roca? ¿Dónde habría ido a parar la enorme bola? Indudablemente se había caído de su primitiva ubicación y como se trataba de un bolo de mediano tamaño, pensábamos que podríamos encontrarlo caído por los alrededores de su base. Pero no fue así; por mucho que buscamos y rebuscamos nuestras pesquisas resultaron inútiles y no conseguimos encontrar nada que se pareciese a la pieza que faltaba, quizá hecha pedazos en la caída, quizá rodada ladera abajo hacia la vaguada de la Dehesilla.
        Y el risco del Predicador quedó reducido a una amorfa figura, sin cabeza, que nadie, salvo los que lo conocimos hace muchos años, identificaría por su denominación. Todavía conservo la vieja fotografía de este risco con la cabeza en su sitio, y alguna otra mucho más moderna, tomada prácticamente desde el mismo punto de vista, el camino que sube hacia la portilla de las Vistillas, en la que la cabeza ya no aparece, y el risco no tiene semejanza alguna con el predicador que le da nombre. Las dos fotos son un curioso testimonio de que lo que nosotros vemos como parte inalterable de la naturaleza también va cambiando con el paso del tiempo.

       Aquella salida pedricera resultó bastante interesante, divertida y peculiar; divertida por los amigos y conocidos, que quedaban sorprendidos y un tanto intrigados cuando, sin mayores explicaciones, les decíamos que íbamos a la Pedriza a buscar la cabeza del Predicador; peculiar por el objetivo propuesto, que nos llevaría a recorrer minuciosamente todos y cada uno de los rincones del jardín del Predicador, la estrechura por la que se sale a la cara norte de la Maza y el corredor del roble por el que se trepa al Corral Ciego, rincones poco conocidos por algunos de nuestros acompañantes de aquel día.

                                                                 El Predicador (1956)  El_Predicador1956

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s