¿ANDAR POR ANDAR?

 ESCRITO EN ENERO DEL 2002, para Montañeros Madrileños, pero que podría ser de total actualidad

     El excursionismo, el senderismo, e incluso el montañismo modesto, pueden tener múltiples y variados objetivos. En gran parte comenzamos a salir al monte para escapar, aunque sea puntualmente, del contaminado ambiente urbano y del opresivo clima laboral, haciendo a la vez algo de ejercicio, que en la rutinaria vida diaria de las grandes ciudades resulta siempre un tanto escaso. Poco a poco nos vamos aficionando a estas salidas hasta que llegan a constituir un medio eficaz para relajarnos de las presiones diarias. Se hacen amistades, nos apuntamos a algún Club, se crean grupos, en general más cerrados que abiertos, y llega un momento en que ya no podemos vivir sin nuestra salida periódica.

       Pero ¿es eso todo? Demasiado a menudo nos olvidamos de la propia naturaleza en la que tan a gusto nos encontramos, nuestro terreno de juego, y empiezan a pasarnos desapercibidos muchos aspectos de índole negativa. No es raro encabezar un grupo de excursionistas durante una jornada al aire libre por lugares de gran belleza natural, y cuando, al finalizar la actividad, se les pregunta cautelosamente qué o cuántas fuentes han visto durante la excursión, si observaron aquella enorme acumulación de basura antes de llegar al pueblo, qué les pareció tal cabaña rústica, qué creen que podían ser aquellos restos deformes junto a los que paramos a descansar, qué tipo de cultivos había en las huertas en torno a los pueblos por los que hemos pasado, cómo iba vestido el paisano que cuidaba el rebaño de ovejas, o quién cerró el último portillo traspasado, las contestaciones sean de lo más desalentadoras.

      Algunos, muy pocos, se dieron cuenta de que había una fuente en tal punto porque tuvieron que llenar su cantimplora de agua, pero se le pasaron por alto otras cuatro fuentes que dejamos a la vera del camino. Casi nadie se apercibió del montón de basura acumulada en las afueras del pueblo donde habíamos aparcado los coches, quizá porque es algo desagradable que NO QUEREMOS VER. ¿Qué cabaña rustica? ¿Qué ruinas? ¿Qué paisano? ¿Ah, pero había que cerrar el portillo? En las huertas … ni idea de qué cultivos hay; eso es cosa del campo.   

      No podemos reducir nuestras salidas a la montaña, a la Naturaleza en la forma que sea, a una simple “huida” de la rutina diaria, ni a una actividad física al aire libre, ni a una agradable tertulia de amigos paseantes. No se puede reducir nuestra afición a la montaña, al medio natural, a un simple andar por andar, sin tener apenas en cuenta el medio en el que se desarrolla nuestra actividad. Es necesario buscar, y encontrar, más contenidos, naturalísticos, geográficos, culturales, monumentales, históricos, deportivos, lo que sea, pero que enriquezcan nuestras salidas cada vez más, que aumenten nuestros conocimientos de las gentes y del terreno en el que habitualmente nos movemos, y que EN TODO CASO nos predisponga para defender la naturaleza que nos rodea, con objeto de dejarla para los que vengan después de nosotros al menos en las mismas condiciones en que nosotros la encontramos, o mejores, si fuera posible. Cuantos más contenidos encontremos en nuestras salidas, y cuanto más cuidado pongamos en cuidar el medio, mayor será el disfrute y obtendremos más beneficios.

                                                                 Domingo Pliego Vega (enero de 2002)

 

 

 

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